Prótesis Valvulares

El corazón tiene cuatro válvulas que abren y cierran permitiendo que la sangre circule en una sola dirección.

Las válvulas cardíacas sufren afectación por diversas causas, siendo las más frecuentes: degeneración asociada al envejecimiento, infección (endocarditis) y malformaciones congénitas. La enfermedad valvular puede ocasionar dos tipos de lesiones: estenosis (dificultad en su apertura) o insuficiencia (cierre defectuoso).

Cuando la enfermedad valvular es grave es necesaria la reparación/sustitución de la válvula. La reparación consiste en la reconstrucción de la válvula, algo que no siempre es posible, depende del tipo y grado de afectación. Cuando no es posible repararla, hay que sustituirla por una prótesis valvular.

La primera sustitución de válvula aórtica por una prótesis se realizó en 1960. En la actualidad, la cirugía de recambio valvular es el día a día de los cirujanos cardíacos.

Las prótesis valvulares cardíacas son de dos tipos: biológicas y mecánicas.

Las prótesis biológicas están constituidas por tejido animal o humano.

Las de tejido animal se construyen con válvulas aórticas de cerdo o pericardio bovino. No precisan tratamiento anticoagulante permanente, lo que supone su principal ventaja. En contrapartida, tienen una durabilidad limitada, con deterioro progresivo y necesidad de recambio tras 10-15 años. Las de origen humano proceden de un donante cadáver o del propio paciente.

Las prótesis mecánicas están hechas con metales y materiales artificiales (carbón pirolítico, grafito y/o titanio). Requieren tratamiento anticoagulante permanente por el riesgo de trombosis. Su durabilidad estimada es mucho mayor que las biológicas.

La elección de una u otra prótesis dependerá de varios factores: edad, expectativa de vida, presencia de otras enfermedades y preferencia del paciente. La eficacia de ambas es similar y no hay diferencias en cuanto a supervivencia.

Como se ha mencionado previamente, los portadores de prótesis biológica requerirán un nuevo recambio valvular transcurridos 10-15 años. Por ello, es la opción idónea en los pacientes de mayor edad, en aquéllos con expectativa de vida menor a 10-15 años o con otras enfermedades asociadas graves.

Los portadores de prótesis mecánica necesitarán tratamiento anticoagulante de por vida (el conocido Sintrom). Ello supone la necesidad de controles analíticos periódicos, pues la dosis de dicha medicación se ajusta según el resultado analítico. Dicho tratamiento lleva asociado riesgo de hemorragia o trombosis si los niveles de anticoagulación no son correctos. Los nuevos anticoagulantes orales que no precisan control analítico, no están aprobados para anticoagulación en prótesis cardíacas.

Los principales beneficiarios de las prótesis mecánicas serán los pacientes que ya toman tratamiento anticoagulante por otra causa o pacientes menores de 65 años, con una expectativa de vida superior a la durabilidad de una bioprótesis.

Antes de la cirugía, el paciente será valorado por el cirujano cardíaco. Éste le explicará el procedimiento, los tipos de prótesis y su recomendación sobre la más idónea de acuerdo a las características del paciente.

Todos los portadores de prótesis valvulares cardíacas deben realizar prevención de infección de la misma cuando se someten a procedimientos de riesgo en los que puede haber paso de bacterias a la sangre (especialmente procedimientos dentales en los que puede haber sangrado). La prevención se realiza con antibióticos.

En la actualidad los nuevos avances científicos y tecnológicos han permitido disponer de nuevas opciones de tratamiento valvular sin necesidad de cirugía abierta. Es lo que se conoce como tratamiento valvular percutáneo ( como el recambio de la válvula aórtica que se implanta mediante catéteres por punción de la arteria femoral). Incluso, la alternativa percutánea se está utilizando en el tratamiento de prótesis valvulares biológicas disfuncionantes. No obstante, la cirugía cardíaca convencional sigue siendo la opción de tratamiento estándar para la mayoría de los pacientes, reservándose el tratamiento percutáneo para aquellos pacientes con un riesgo quirúrgico muy elevado.

 

Dra. Eva Mª Pereira López

Servicio de Cardiología

Hospital Universitario Lucus Augusti

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